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miércoles, 14 de agosto de 2013

EL ALCOHOL Y EL SUEÑO

Muchos insomnes se toman un whisky o un vino antes de irse a la cama para reducir la latencia del sueño. Mientras que el alcohol efectivamente ayuda a conciliar antes el sueño, se ha demostrado que la bebida provoca un sueño de baja calidad, en términos de interrupciones nocturnas del sueño (sueño fragmentado) y un menor tiempo de sueño en fase REM.

Tras unas pocas copas, especialmente en personas que no beben mucho, los sujetos a menudo relatan una sensación de sueño poco profundo y frecuentes interrupciones del sueño durante la noche. Los efectos varían mucho; algunas personas experimentan sudores (un desajuste en el proceso de termorregulación corporal del sueño) y sueños muy vívidos (característicos de cambios de fase abruptos). De hecho, la bebida baja ligeramente la temperatura corporal para después elevarla. En estudios controlados con seguimiento por EGG, los investigadores han encontrado que se puede producir un rebote de la actividad REM en la segunda mitad de la noche.

En dosis bajas el alcohol tiene propiedades agonistas de GABA – como la mayoría de los medicamentos para el insomnio.

El mecanismo por el que el alcohol suprime el sueño REM no está claro. No parece que interactúe con el neurotransmisor adenosina, del que se conoce su importancia en la fase REM. Parece probable que las propiedades generales como depresor del alcohol reducen la actividad cerebral que se activa en la fase REM. El alcohol inhibe la entrada del neurotransmisor glutamato a los receptores NMDA (uno de los receptores cerebrales del glutamato) siendo el glutamato el principal neurotransmisor estimulante, lo que da una explicación parcial del efecto del alcohol en la actividad general del cerebro.

La alteración de la respiración durante el sueño, un tipo de disomnia que afecta a millones de personas, se ve empeorada por el alcohol.

Hay una relación entre la apnea obstructora del sueño y el consumo de alcohol. Incluso bebedores ocasionales pueden experimentar apnea. El alcohol impide la respiración durante el sueño al relajar los músculos de la garganta y afectando al centro cerebral de la respiración enmascarando el efecto de un bajo nivel de oxígeno en sangre, con posible daño en tejidos. Incluso personas que habitualmente no roncan, pueden hacerlo si han estado bebiendo. Roncadores sin apnea pueden mostrar síntomas si han estado bebiendo. Los efectos de la resaca – atribuidos al esfuerzo del cuerpo para metabolizar el alcohol – a menudo son en parte causados por la alteración de la respiración durante el sueño.




Estudios detallados de EEG durante el sueño muestran que el alcohol interfiere de forma distinta en la primera mitad de la noche y en la segunda.
http://www.nature.com/npp/journal/v20/n3/full/1395251a.html

El alcohol suele metabolizarse rápidamente, así que a mitad de la noche la concentración de alcohol en sangre baja casi a cero. Los metabolitos están aún presentes y los efectos del alcohol persisten (de ahí las resacas). Pero el alcohol per se no afecta directamente a la estructura del sueño durante la segunda mitad noche. El malestar que se puede sentir al despertar durante ese periodo puede ser debido a la resaca o síndrome de abstinencia. Esto no quiere decir que el sueño elimine la borrachera o la ebriedad. De hecho estudios militares muestran que pilotos adultos jóvenes ven disminuidas sus capacidades motoras y su habilidad para volar cuando han estado bebiendo la noche anterior.

La dependencia del alcohol y los trastornos del sueño son frecuentemente comórbidos – se sufren los dos a la vez.
También la relación causal se da en el sentido opuesto; personas que no duermen bien por la noche y se sienten cansados por el día, pueden ser más propensos a beber por la noche.



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